
Huye de las definiciones. No quiere ser atrapada por las palabras, prefiere moverse libre y sin las ataduras que se miden por sílabas. Entiende la vida como una constante búsqueda agustiniana, con etapas que se cierran y retos que se abren. Es de origen alemán por parte de madre y norteamericano por parte de padre. Nació en Gran Canaria, y en la isla pasó la infancia hasta que se convirtió en señorita en la ciudad de Telde. Francesca Strauss es actriz, adoptó el método Grotowsky en Berlín, y también es muchas cosas; no es que esté dispersa, es que hace lo que le apetece y el día da para mucho; cumple con los horarios, y es puntal como demostró esta semana cuando quedamos para charlar en un hotel madrileño plantado en la plaza Santa Ana, iluminado por la fría luz del sol de invierno. Francesca rueda películas, hace amigos, viaja con mochila ligera y sin parar en el triángulo que forman Berlín, Gran Canaria y Madrid. De la isla canaria toma el sol, el calorcito y ocasiones para alargar la mirada sobre las playas canarionas; Madrid le ha dado la oportunidad de desarrollar su mundo propio en sintonía con quienes están en el mismo barco. De Berlín extrae otros estímulos, el entusiasmo que desecha el progreso personal entendido como el cúmulo de bienes materiales, y se decanta por el crecimiento personal.
Cuando viajó a Buenos Aires pensó en quedarse, cuando fue a Nueva York a estudiar en Strasberg se planteó en vivir con el tío Sam. En octubre terminó de rodar Propios y extraños, de Manolo González; también intervino en Óscar,de Lucas Fernández; en Buscando a Emma fue protagonista, y en el corto Demasiado humano recibió premios. En Alemania intervino en el largometraje Oktoberfest y en diversas series para televisión. Francesca Strauss tiene web personal y puedes hablar con ella sin que se le vaya el santo al cielo, porque se adiestra en lo que ella llama escucha entrenada, porque el que habla es respetado, y donde la escucha no es una tregua para contar nuestra egocéntrica y cansina historia.
Ella quiere ser feliz, me dice, y quiere hacer feliz a los demás, ¿de qué manera? Pues una de ellas es cuando organiza los talleres de risoterapia, como el que inaugura el próximo día 4 de febrero en la Casa de Canarias de Madrid y que durará seis semanas. Porque, como me dijo, en la India hay templos consagrados a la risa porque es un modo de abrir las puertas del corazón, de dar a conocer la risa como rebeldía, de hacer más independientes a las personas. Francesca ve la risa no como una distracción, es una risa a favor – comenta– del amor y de la libertad, y en ello ocupa sus energías.
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Ha vuelto a nevar en Madrid.La sal que anoche regaron los camiones en las aceras ya lo decía,los coches han amanecido con manto y las esculturas con boinas blancas y efímeras; ha vuelto a nevar como un regreso al invierno.Para adornar se me ocurre dejarles tres haikus de Matshu Basho (1644-1694):
¿La nieve que cae
es otra
este año?
***
De ordinario destesto al cuervo
pero esta mañana…
sobre la nieve.
***
La primera nieve
qué felicidad
visita mi ermita.
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El mar tiene eso. Uno quiere describirlo y no puede, las olas borran lo vivido con el paso de los años , la mente y las palabras no son suficientes para atrapar el mar en una imagen que le sea válida al que escucha hablar de él, para que el que pregunta qué es el mar, para cualquier hombre, para un isleño . Una vez le oí decir a nuestra María Rosa Alonso, que isleño es aquél que no tiene sed de continente; no sé si la cita es suya o la tomó prestada en ese momento, no recuerdo bien.
Hay isleños que no pueden mirar el horizonte sin la esperanza azul del mar, no tienen sed de continente, otros son viajeros de repente cuando notan que el mundo no termina en un puerto, en la vista de los barcos oxidados, en los veleros de lujo, en el carguero que nos trae el sustento, ni en las playas bronceadas de nuestras costas canarias; porque el mar habla muchos idiomas, le habla al marinero que sale a pecho descubierto en busca de los averíos que señalan la pesca, le habla al poeta y al hombre común que sólo mira con los ojos del cuerpo. Dicen que quien mira el mar, sueña con otras orillas . Sé de isleños que apenas son capaces de imaginar la vida sin el mar si viven lejos de la orilla, sin los membrillos salobres de la infancia, a comienzos del verano; y sé que son isleños que nunca lo miran cuando están en la isla; tal vez porque la cercanía nos hace despreciar lo bello .
Sé de canarios que no están en sí mismos sin el olor a salitre, sin el vocabulario marinero que predice las mareas y el lenguaje de las lunas, de los vientos y de las noches, con el arado de estrellas sobre la cabeza. Hay mares de tierra adentro sin charranes ni zarapitos trinadores , con nubes de montaña, con cormoranes que se sumergen en las profundidades de forma misteriosa, con barcos de agua dulce y velas que se ponen a favor del Mistral o de la Tramontana.
Este mar que ven hoy en la foto es un mar que está en el centro de las montañas, cerca de Valdemorillo, es el embalse de Valmayor, un trozo de consuelo para isleños que todavía nos preguntamos, como Jorge Luis Borges, sobre el origen de esta inmensa criatura: Quien lo mira lo ve por vez primera . Siempre. Con el asombro que las cosas elementales dejan, las hermosas tardes, la luna, el fuego de una hoguera, ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía.
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Cada vez que un amigo o una amiga sale por esos mares afuera,sabe que tiene un compromiso no firmado con este blog, y cada uno de ellos se convierte en corresponsal de la noche a la mañana. Thailandia está hoy más cerca porque Natalia Zelman,periodista de profesión y canaria de devoción, así lo quiere, desde ese país escorado al este del mundo.Con ella les dejo en la siguiente entrada.

Ciudad antigua de Ayutayá. Subido a una inmensa torre, frente a él un vasto paisaje plagado de ruinas majestuosas. Pero él tiene la cabeza en otro sitio… Me mira y me saluda, con un respeto al que ya me he acostumbrado, pero que al principio me sorprendía. Sigue allí. Sigo allí, haciendo fotos en silencio, maravillada, y él parece ausente. Me pregunto qué hará allí subido, con ese aire preocupado, cuando veo llegar a lo lejos a un grupo de niños. Me mira, me sonríe, y baja corriendo las inmensas escaleras. Yo también estoy sonriendo.

En un templo. Entro. En la puerta hay mucha gente, sobre todo turistas, y aquello es muy pequeño. Yo, testaruda, espero hasta que encuentro un hueco. Está fresco dentro. La imagen del buda es fascinante, distinta a las demás: está sentado al modo occidental y eso no es muy común. El monje pone pequeñas pulseras a una pareja que ha acudido con sus ofrendas. De pronto llama a una niña rubia que, tímida, tras interrogar con la mirada a sus padres, se acerca. El monje le sonríe y le pone una pulsera. Luego sigue con sus quehaceres. Estoy mirando la estatua cuando me caen unas gotas en la cara… Es el monje que lanza agua a la pareja. Me mira de reojo y vuelve a sonreir: si es una bendición, algo me alcanzará, digo yo.

Playas de la isla de Ko Chang. Está un poco nublado, pero el tiempo es buenísimo. El agua está caliente y da gusto pasear. En la "playa solitaria", entre los turistas quemados estilo gamba, una niña con un disfraz de superman juega en la arena. A mí me da calor sólo con verla, pero ella se lo está pasando pipa. ¡A volar!
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De un tiempo a esta parte , las palomas han tomado mala fama . Y no sé por qué. Son tenidas como animales inmundos, portadoras de terribles enfermedades, como ratas voladoras, en el mejor de los casos. Se les ha despojado del encanto de su vuelo pacífico, de la ternura poética del ser amado , de la habilidad de regresar al hogar a través de una brújula invisible; se olvida, a veces, que las palomas han sido el juguete de muchos niños, el ave que vuela por nosotros y atraviesa las fronteras que nos resultan infranqueables. Las palomas y las abejas estaban entre los animales preferidos de Mahoma, por eso los árabes las veneran y las hicieron volar por los cielos hispanos hasta llegar a las islas. Aquí, el otro día, en el municipio de Tegueste, tuve de cerca por primera vez la afición que los palomos deportivos despierta entre un grupo cada vez más numeroso de aficionados, que dedican algunas tardes a mirar al cielo, a levantar los ojos por encima de los escaparates y a disfrutar del aire limpio de la naturaleza. Estuve en el campo donde están plantadas las casetas de los palomos, son casetas de un encanto especial, con diversos colores que no desentonan con el resto del entorno. Sirven de referencia a los palomos que se entrenan, y desde este punto se inicia la suelta de los palomos que emprenden un vuelo pasional detrás de una solitaria hembra, que hace lo que puede, para quitarse de encima a un bando numeroso de pretendientes que intenta seducirla hasta las últimas consecuencias.

Los palomos se elevan como un inmenso velo de vivos colores; cada palomo tiene el color que le une al amo que lo mima y lo cuida, que lo sigue sin perderlo de vista, y que comenta en voz alta las carencias o aciertos de su candidato. Los palomos que participan tienen nombres muy variados como Nube de Hielo, El Canario, La Chola, Vino Tinto, A Fuego Lento, Visa Oro, Polvos Talcos, El Chamo, Manos Libres, entre otros. En fin, que supe de un deporte que no conocía y que crece sin hacer ruido entre los aficionados de todas las islas, y que dignifica la historia cultural de estas aves, que hicieron posible en el pasado la primera telegrafía sin cables, avisaron del final del Diluvio y de la presencia del Espíritu Santo.
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Creo que no somos el cuerpo. Estoy convencido de que la longevidad tiene que ver más con el modo de vida del alma, de la mente o como se quiera llamar, que con la manera que se tenga de cuidar el cuerpo más allá de lo necesario. Estoy convencido de que habita en el hombre una parte que no es extensa ni medible por la física , ni siquiera por la intuición. La presencia de una persona como María Rosa Alonso así lo atestigua, sin caer en sensiblerías ni en el emotivismo tan de moda en los medios televisivos. Me parece que el cuerpo es un aliado del alma, de la mente o de algo que viaja con nosotros y que se mantiene unido al cuerpo por razones neurológicas, si eso les tranquiliza. María Rosa Alonso conserva el asombro que da estar en el mundo, el transitar por él sin dejar de ser un aliado de la pregunta. Ella lo mira todo, le atraen los colores de las nubes, los envoltorios de los bombones, capta la veladura malva de las altas montañas que marcan los límites del Valle de la Orotava; María Rosa permanece despierta, no ve la utilidad excesiva que hacemos de la televisión y prefiere la radio , se mueve leyendo letreros publicitarios, exprime la prensa diaria, descifra las miradas desconocidas y los ruidos codificados de la vida, y se ríe a carcajadas con las diabluras de los niños. Eligió vivir con los libros, alejarse de la distracción que nos roba la condición de seres pensantes, prefiere la vida discreta y dosificar los encuentros sociales. Habla con mucho cariño de su obra La luz viene del este, porque fue una obra que escribió como a ella le gusta, con parsimonia, libre de encargos y fiel a su manera de ser. En María Rosa Alonso late una religiosidad sin dogmas ni liturgias, ha seguido el rastro de la imaginaria sagrada de las islas, se pregunta sobre los cuadros de ánimas, y sobre el origen del Cristo de La Laguna. Sólo quiero que cuando paseen por Madrid, me dice, se acuerden de una viejita que dedicó mucho tiempo al estudio del pasado de nuestras islas. Se ha dedicado al intelecto, y en la soledad ha encontrado la libertad, el camino para realizar su trabajo sobre la gente antigua de nuestra tierra, como ella dice . Siempre me quedo mirando las cosas, a las personas, me decía desde la silla en la que se mueve su cuerpo centenario. María Rosa Alonso te traspasa con la mirada y sin ser católica, al final del almuerzo, donde celebró los cien años de vida y con un mar en los ojos, pidió a Dios que nos bendijera a todos, que buena falta nos hace.
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11 de Diciembre de 2009 · 1 Comentario

Este jueves estuve en la presentación de la última novela del escritor y periodista, Santiago Gil , en la atractiva sala Los diablos azules de Madrid. Según dice el autor, Las derrotas cotidianas es una novela muy visual, con los pies en la realidad, porque a Gil la ficción no le gustó ni siquiera cuando era niño. Esta novela puede recordar por la forma narrativa a la película La condesa descalza. Considera que este último trabajo literario es el más trabajado, porque ha construido una estructura narrativa, algo que en otras ocasiones no le importaba tanto. Sin embargo, Santiago Gil cuando habla de escribir también habla de libertad, de una bella oportunidad de deshacerse de los corsés que nos ciñen en el día a día, para transformarse en lo que nos permita la literatura. Podemos ser cualquiera en la imaginación del escritor, cuya imaginación no vive descasada de lo real porque el escritor canario prefiere la realidad tangible, las voces de la calle, que es donde encuentra el alimento para sus relatos.

Un momento de la presentación de Las derrotas cotidianas en la sala madrileña Los diablos azules.
El mundo urbano de Canarias es el mundo urbano de Londres o de cualquier ciudad, dice; y tiene mucha culpa de ello el haber vivido en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, en un entorno urbano que nos une con el mundo, no sólo con la proximidad que nos espera a la vuelta de la esquina. Y es de esa realidad de la que parte el autor de Las derrotas cotidianas, de ese sustrato surge y crece la historia de una familia que , de repente ,ve cortadas sus expectativas de felicidad por la crisis económica. Anroart Ediciones no ceja en su empeño a la hora de impulsar a los autores canarios que tienen historias que contar, para que no se queden en el entorno isleño, en el intento insular, sino que Canarias sea ese experimento social del que habla Santiago Gil, como referencia espacial y como proyección hacia el resto del mundo. Por eso para Anroart Ediciones, según me comentó Jorge Liria , su productor ejecutivo, la promoción de sus libros es sólo parte de una cadena de trabajo, que mueve el producto con la intención de que sea un ser vivo en constante movimiento para descubrir a nuevos lectores.
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5 de Diciembre de 2009 · 1 Comentario

La foto la hice ayer en Gran Vía, en esta arteria a la que acuden todos los recién llegados a la capital madrileña para bañarse de gente y de rostros desconocidos y familiares. La navidad se ve y se huele, se escucha. Hoy ha salido el sol y el cielo está salpicado de cirros, de veladuras sobre el azul de este diciembre frío y poco lluvioso. Por aquí tienes el libro que buscas, la bufanda que necesitas, los guantes que abrigan las esquinas de los paseos, los coches con todas las matriculas y todos los destinos posibles. Y si tienes oro que empeñar siempre hay alguien que te dice dónde. En estas fechas, tanto los que se conmueven con los cristos como los que no quieren ni verlos en las escuelas, se ponen en fila para buscar la suerte en una cola interminable, que dura días y noches, con la certeza imaginaria de que el dinero nos hará más felices. La cola de doña Manolita es la cola de la suerte, en ella los compradores son de todas las edades, esperan durante horas el número mágico y, a lo mejor, el gordo de este año lo tiene este señor que está de espaldas y no dice nada. Porque la suerte es silenciosa, imprevisible, viene con la cautela de un felino; la suerte no hay que anunciarla ni jactarse de poseerla porque huye como un tapón de corcho en un embalse que,cuanto más vamos detrás de él, más se aleja. La suerte se busca fuera de la cola, también, eso fue lo que me dijo Héctor, al final de la calle Fuencarral, donde tuvimos una pequeña charla sobre el mundo del espectáculo y lo complicado que está buscarse la vida sobre el escenario. Héctor es actor, estudió en Tenerife, y no hay quien le quite de la cabeza la escena y el aplauso del patio de butacas pero, de momento, hace encuestas callejeras hasta que llegue su racha.
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26 de Noviembre de 2009 · 1 Comentario

Yeray,Víctor y Jorge saludan al final de la actuación.
Hace unos días, se presentó el Víctor Lemes Trío en "El Alambique" Bar, en la calle Primero de mayo de la capital grancanaria. La actuación, a pesar de que contaba con la dura competencia del festival capitalino Womad, se desarrolló con el local lleno hasta los topes de gente muy variopinta, cuyo común denominador fue el gusto por la música en directo, así como la frescura y el calor de las canciones del cantautor Víctor Lemes, acompañado en la percusión por Jorge Soroa y al bajo por Yeray Figueras, según palabras textuales de Gregorio Efe,nuestro corresponsal nocturno. Víctor amplía de esta manera sus horizontes musicales sin perder lo que ya venía ofreciendo en sus conciertos en solitario, buen humor, sátiras inteligentes con originales tramas, y con una personal fusión de diversos estilos musicales como el son, la bossa nova, el flamenco o el ska, entre otros. Seguiremos informando de próximas actuaciones,insiste Gregorio Efe.

Víctor Lemes.
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El pájaro moro no deja de mirar hacia el Parlamento canario.
Pocos, salvo los majoreros, saben en el Parlamento canario quién es el pájaro moro y dónde vive , desconocen que pasa la mayor parte de la vida en terrenos pedregosos y desérticos, entre el silencio del olvido y el vuelo libre que comparte con la calandria en los llanos interminables , llanos como el del Esquinzo, que visité junto a María Rosa Alonso, que el próximo mes cumplirá cien años. El pájaro moro tiene un bello plumaje y un pico de granívoro entre amarillo intenso y un rojo coral, el píleo es pardo y el obispillo es de tonalidad rosácea como el resto del plumaje. Quien lo conoce sería incapaz de descatalogarlo, porque sería un error que en las escuelas canarias los niños no lleguen a conocerlo . Tiene apariencia robusta y resuelta, cuando emite sonidos parece que lleva en la siringe una trompeta con sordina; entre los naturales de Fuerteventura es conocido también por el apodo de pispo, convive con el canto de otras aves únicas como la tarabilla canaria, que es el pájaro estallón del que me habla mi querida tía Encarna Calero, que vive en Casillas del Ángel, al pie de las montañas de Tao, la Atalaya y la montaña del Campo, aún lejos de la mirada de los especuladores que quieren matar el paisaje de millones de años, con las palas mecánicas de la ignorancia. No sólo cría en el Archipiélago, también está en el norte africano, en tierras mediterráneas , en Pakistán y en la India. El pájaro moro está mosqueado, y hablo de buena tinta, porque otras criaturas bellas como él no tienen voz en el parlamento, porque su canto es inefable para el lenguaje político, como lo es el guaña-guaña de la pardela cenicienta que vuela en la barriga de las olas sin saber qué va a ser de ellas y de la avifauna de Canarias, si el Parlamento canario hace oídos sordos a su lastimera conversación nocturna, víctima de leyes diseñadas por hombres que jamás pisan más allá del asfalto o del cemento de las aceras. El mundo de las aves en las islas es una puerta espléndida para adentrarse en las joyas que, a trompicones, todavía se conservan gracias a los gestos utópicos de quienes ven la naturaleza no como un objeto alejado del hombre, sino como una extensión de nuestra propia razón de ser.
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