Les puedo asegurar que sé lo que es estar en paro , que nadie se ponga a los teléfonos, que se estreche el camino de tal manera que parece de pronto que no hay por dónde caminar; aquí es cuando afloran los recursos más primarios para no perder la calma, cuando te das cuenta de que sólo te tienes a ti mismo. Esto lo digo ahora que la masa de parados en Canarias ha tomado unas dimensiones que requiere una interpretación más cercana por parte de las instituciones oficiales, una visión menos estadística y más humana. Ya bastante tienen Cáritas y otros grupos de voluntarios; en estas circunstancias se puede caer en el riesgo de quedarse en una lectura somera del problema que supone caer en la cuneta laboral, con muchas horas en blanco y un futuro que nos hace dudar de nosotros mismos. El paro hoy ha tomado una dimensión de epidemia; y si tomamos medidas ante una epidemia de gripe también habría que tomarlas en estos momentos de incertidumbre , porque detrás de cada parado hay una familia y unas circunstancias personales. La cantidad de personas sin ocupación laboral debería de llevar consigo planes de política social dirigidos a los parados; unos planes que puedan leer la situación actual desde una posición más serena e individual, con el apoyo necesario para alejar el fantasma de la tristeza y el pozo negro de la depresión.


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