En los tiempos que corren cada cual busca el refugio que le queda más cerca . Quedarse en paro, por ejemplo, puede despertar inquietud en la casa y fuera de ella. En esos momentos parece que te has quedado en un presente que no desea transformarse en pasado; sin embargo, no hay más que poner un poco el oído y escucharemos la música de lo impermanente, que nada permanece igual que hace un segundo. Ni la relaciones personales, ni la salud, ni las ilusiones. Quiero decir que, puestos a resolver asuntos personales en época de crisis, me doy cuenta de que sólo en nuestra propia mente podemos fabricar las sandalias que nos permiten transitar por esta realidad pedregosa difícil de asfaltar en su totalidad, sin que nos hagamos daño a cada paso. Estas sandalias no se venden en las zapaterías, sino que ya han sido pensadas y fabricadas por otros hombres del pasado y de nuestra época. Ante el desespero de la subsistencia y la búsqueda de alimentos, el evangelio de Mateo (cap.6,v.26) nos dice: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? El hombre, en el vértice superior de la pirámide de la creación, puede captar en estas palabras una consolatio philosophiae porque es la criatura que porta el mensaje divino que se intuye en la razón y en la voluntad, dos buenas herramientas para cambiar el mundo. El mensaje de Buda también nos advierte de la impermanencia de las cosas, que la felicidad no se halla fuera de nosotros ni en nuestro deseo compulsivo de hacernos con todos los objetos que se exhiben en los grandes almacenes, ni en la fama ni en el dinero como único fin; el mensaje búdico contempla una felicidad que nos viene dada por la retentiva mental, por la vigilancia mental que rechaza los pensamientos perturbadores y acoge una percepción más optimista del samsara, de esta realidad cambiante. Ser consciente de este permanente cambio, dicen los budistas, es un gran paso para permanecer serenos, porque en la mentalidad occidental nos empeñamos en relacionar la felicidad con una sensación placentera que se extiende en el tiempo, y si eso no ocurre nos enfadamos o nos entristecemos sin razón porque, como dice el Demócrito de Abdera (460-370 a.C.): la felicidad no consiste en el ganado y ni siquiera en el oro: el alma es la morada de nuestra suerte.
algunas reflexiones muy personales
7 de Noviembre de 2009 · 3 Comentarios
Tags: Lo que cabe en el balayo



3 respuestas ↓
1 manuel // 7 de Noviembre de 2009 a las 09:32
Vivir de forma consciente en cada momento,tomar el sol,pasear,comer, y coger cada aliento que nos proporciona el aire que respiramos,tener la certeza de estar vivos y no desperdiciar un solo minuto en preguntarnos que será del siguiente,tienes mucha razón,en todo lo que dices,pero hay que aprender a escucharse porque las dudas empiezan ahí,y cuando nos oimos profundamente,empezamos a liberarnos y tomamos consciencia,ser cosncientes,nos da pie para cualquier cosa que intentemos….abrazos Juan ……
2 El antisocial // 9 de Noviembre de 2009 a las 13:04
Es cierto que la felicidad está en uno mismo pero hay tantas personas que no tienen cubiertas ni las más mínimas necesidades: comida, bebida, salud, que veo difícil que puedan alcanzar la felicidad sin ese mínimo.
Y es cierto y triste como tantas personas vinculan la felicidad al tener, al materialismo y ya la Navidad la han convertido en la gran fiesta del consumismo pervirtiendo su verdadero significado.
3 Helena // 15 de Noviembre de 2009 a las 14:42
Por circunstancias de la vida a veces he nadado en la abundancia y otras veces tengo que contar hasta el ultimo centimo. En este camino he he aprendido ha desprenderme de muchas cosas materiales, pero conservo mi mayor tesoro: mis amigos.
Hay que tener en cuenta que a mi nunca me falto el plato de comida ni un lugar donde dormir, en muchas ocasiones gracias a mis amigos, pero es verdad que muchas personas en el mundo carecen incluso de lo mas basico…y en estas circunstancias no puedo imaginar que nadie se ponga a filosofar sobre la felicidad. Un abrazo.
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