Cada vez que un amigo o una amiga sale por esos mares afuera,sabe que tiene un compromiso no firmado con este blog, y cada uno de ellos se convierte en corresponsal de la noche a la mañana. Thailandia está hoy más cerca porque Natalia Zelman,periodista de profesión y canaria de devoción, así lo quiere, desde ese país escorado al este del mundo.Con ella les dejo en la siguiente entrada.
Ciudad antigua de Ayutayá. Subido a una inmensa torre, frente a él un vasto paisaje plagado de ruinas majestuosas. Pero él tiene la cabeza en otro sitio… Me mira y me saluda, con un respeto al que ya me he acostumbrado, pero que al principio me sorprendía. Sigue allí. Sigo allí, haciendo fotos en silencio, maravillada, y él parece ausente. Me pregunto qué hará allí subido, con ese aire preocupado, cuando veo llegar a lo lejos a un grupo de niños. Me mira, me sonríe, y baja corriendo las inmensas escaleras. Yo también estoy sonriendo.
En un templo. Entro. En la puerta hay mucha gente, sobre todo turistas, y aquello es muy pequeño. Yo, testaruda, espero hasta que encuentro un hueco. Está fresco dentro. La imagen del buda es fascinante, distinta a las demás: está sentado al modo occidental y eso no es muy común. El monje pone pequeñas pulseras a una pareja que ha acudido con sus ofrendas. De pronto llama a una niña rubia que, tímida, tras interrogar con la mirada a sus padres, se acerca. El monje le sonríe y le pone una pulsera. Luego sigue con sus quehaceres. Estoy mirando la estatua cuando me caen unas gotas en la cara… Es el monje que lanza agua a la pareja. Me mira de reojo y vuelve a sonreir: si es una bendición, algo me alcanzará, digo yo.
Playas de la isla de Ko Chang. Está un poco nublado, pero el tiempo es buenísimo. El agua está caliente y da gusto pasear. En la "playa solitaria", entre los turistas quemados estilo gamba, una niña con un disfraz de superman juega en la arena. A mí me da calor sólo con verla, pero ella se lo está pasando pipa. ¡A volar!





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