Creo que no somos el cuerpo. Estoy convencido de que la longevidad tiene que ver más con el modo de vida del alma, de la mente o como se quiera llamar, que con la manera que se tenga de cuidar el cuerpo más allá de lo necesario. Estoy convencido de que habita en el hombre una parte que no es extensa ni medible por la física , ni siquiera por la intuición. La presencia de una persona como María Rosa Alonso así lo atestigua, sin caer en sensiblerías ni en el emotivismo tan de moda en los medios televisivos. Me parece que el cuerpo es un aliado del alma, de la mente o de algo que viaja con nosotros y que se mantiene unido al cuerpo por razones neurológicas, si eso les tranquiliza. María Rosa Alonso conserva el asombro que da estar en el mundo, el transitar por él sin dejar de ser un aliado de la pregunta. Ella lo mira todo, le atraen los colores de las nubes, los envoltorios de los bombones, capta la veladura malva de las altas montañas que marcan los límites del Valle de la Orotava; María Rosa permanece despierta, no ve la utilidad excesiva que hacemos de la televisión y prefiere la radio , se mueve leyendo letreros publicitarios, exprime la prensa diaria, descifra las miradas desconocidas y los ruidos codificados de la vida, y se ríe a carcajadas con las diabluras de los niños. Eligió vivir con los libros, alejarse de la distracción que nos roba la condición de seres pensantes, prefiere la vida discreta y dosificar los encuentros sociales. Habla con mucho cariño de su obra La luz viene del este, porque fue una obra que escribió como a ella le gusta, con parsimonia, libre de encargos y fiel a su manera de ser. En María Rosa Alonso late una religiosidad sin dogmas ni liturgias, ha seguido el rastro de la imaginaria sagrada de las islas, se pregunta sobre los cuadros de ánimas, y sobre el origen del Cristo de La Laguna. Sólo quiero que cuando paseen por Madrid, me dice, se acuerden de una viejita que dedicó mucho tiempo al estudio del pasado de nuestras islas. Se ha dedicado al intelecto, y en la soledad ha encontrado la libertad, el camino para realizar su trabajo sobre la gente antigua de nuestra tierra, como ella dice . Siempre me quedo mirando las cosas, a las personas, me decía desde la silla en la que se mueve su cuerpo centenario. María Rosa Alonso te traspasa con la mirada y sin ser católica, al final del almuerzo, donde celebró los cien años de vida y con un mar en los ojos, pidió a Dios que nos bendijera a todos, que buena falta nos hace.



1 respuesta ↓
1 mary // 5 de Marzo de 2010 a las 20:49
Hola Calero! sigo tu Blog y lo tengo en mis favoritos. Me gusta mucho lo que escribes y cómo lo escribes. Con motivo de la Semana del Libro, estaba buscando información sobre María Rosa Alonso y recordé tu post sobre sus 100 años. Me gustaría que supieras que muchos de tus post los leen mis alumnos/as de Tercer ciclo de Primaria y trabajamos sobre su contenido. Gracias por compartir este trabajo. Saludos
Deja un comentario