
De un tiempo a esta parte , las palomas han tomado mala fama . Y no sé por qué. Son tenidas como animales inmundos, portadoras de terribles enfermedades, como ratas voladoras, en el mejor de los casos. Se les ha despojado del encanto de su vuelo pacífico, de la ternura poética del ser amado , de la habilidad de regresar al hogar a través de una brújula invisible; se olvida, a veces, que las palomas han sido el juguete de muchos niños, el ave que vuela por nosotros y atraviesa las fronteras que nos resultan infranqueables. Las palomas y las abejas estaban entre los animales preferidos de Mahoma, por eso los árabes las veneran y las hicieron volar por los cielos hispanos hasta llegar a las islas. Aquí, el otro día, en el municipio de Tegueste, tuve de cerca por primera vez la afición que los palomos deportivos despierta entre un grupo cada vez más numeroso de aficionados, que dedican algunas tardes a mirar al cielo, a levantar los ojos por encima de los escaparates y a disfrutar del aire limpio de la naturaleza. Estuve en el campo donde están plantadas las casetas de los palomos, son casetas de un encanto especial, con diversos colores que no desentonan con el resto del entorno. Sirven de referencia a los palomos que se entrenan, y desde este punto se inicia la suelta de los palomos que emprenden un vuelo pasional detrás de una solitaria hembra, que hace lo que puede, para quitarse de encima a un bando numeroso de pretendientes que intenta seducirla hasta las últimas consecuencias.

Los palomos se elevan como un inmenso velo de vivos colores; cada palomo tiene el color que le une al amo que lo mima y lo cuida, que lo sigue sin perderlo de vista, y que comenta en voz alta las carencias o aciertos de su candidato. Los palomos que participan tienen nombres muy variados como Nube de Hielo, El Canario, La Chola, Vino Tinto, A Fuego Lento, Visa Oro, Polvos Talcos, El Chamo, Manos Libres, entre otros. En fin, que supe de un deporte que no conocía y que crece sin hacer ruido entre los aficionados de todas las islas, y que dignifica la historia cultural de estas aves, que hicieron posible en el pasado la primera telegrafía sin cables, avisaron del final del Diluvio y de la presencia del Espíritu Santo.
Tags: Lo que cabe en el balayo

Creo que no somos el cuerpo. Estoy convencido de que la longevidad tiene que ver más con el modo de vida del alma, de la mente o como se quiera llamar, que con la manera que se tenga de cuidar el cuerpo más allá de lo necesario. Estoy convencido de que habita en el hombre una parte que no es extensa ni medible por la física , ni siquiera por la intuición. La presencia de una persona como María Rosa Alonso así lo atestigua, sin caer en sensiblerías ni en el emotivismo tan de moda en los medios televisivos. Me parece que el cuerpo es un aliado del alma, de la mente o de algo que viaja con nosotros y que se mantiene unido al cuerpo por razones neurológicas, si eso les tranquiliza. María Rosa Alonso conserva el asombro que da estar en el mundo, el transitar por él sin dejar de ser un aliado de la pregunta. Ella lo mira todo, le atraen los colores de las nubes, los envoltorios de los bombones, capta la veladura malva de las altas montañas que marcan los límites del Valle de la Orotava; María Rosa permanece despierta, no ve la utilidad excesiva que hacemos de la televisión y prefiere la radio , se mueve leyendo letreros publicitarios, exprime la prensa diaria, descifra las miradas desconocidas y los ruidos codificados de la vida, y se ríe a carcajadas con las diabluras de los niños. Eligió vivir con los libros, alejarse de la distracción que nos roba la condición de seres pensantes, prefiere la vida discreta y dosificar los encuentros sociales. Habla con mucho cariño de su obra La luz viene del este, porque fue una obra que escribió como a ella le gusta, con parsimonia, libre de encargos y fiel a su manera de ser. En María Rosa Alonso late una religiosidad sin dogmas ni liturgias, ha seguido el rastro de la imaginaria sagrada de las islas, se pregunta sobre los cuadros de ánimas, y sobre el origen del Cristo de La Laguna. Sólo quiero que cuando paseen por Madrid, me dice, se acuerden de una viejita que dedicó mucho tiempo al estudio del pasado de nuestras islas. Se ha dedicado al intelecto, y en la soledad ha encontrado la libertad, el camino para realizar su trabajo sobre la gente antigua de nuestra tierra, como ella dice . Siempre me quedo mirando las cosas, a las personas, me decía desde la silla en la que se mueve su cuerpo centenario. María Rosa Alonso te traspasa con la mirada y sin ser católica, al final del almuerzo, donde celebró los cien años de vida y con un mar en los ojos, pidió a Dios que nos bendijera a todos, que buena falta nos hace.
Tags: Lo que cabe en el balayo
11 de Diciembre de 2009 · 1 Comentario

Este jueves estuve en la presentación de la última novela del escritor y periodista, Santiago Gil , en la atractiva sala Los diablos azules de Madrid. Según dice el autor, Las derrotas cotidianas es una novela muy visual, con los pies en la realidad, porque a Gil la ficción no le gustó ni siquiera cuando era niño. Esta novela puede recordar por la forma narrativa a la película La condesa descalza. Considera que este último trabajo literario es el más trabajado, porque ha construido una estructura narrativa, algo que en otras ocasiones no le importaba tanto. Sin embargo, Santiago Gil cuando habla de escribir también habla de libertad, de una bella oportunidad de deshacerse de los corsés que nos ciñen en el día a día, para transformarse en lo que nos permita la literatura. Podemos ser cualquiera en la imaginación del escritor, cuya imaginación no vive descasada de lo real porque el escritor canario prefiere la realidad tangible, las voces de la calle, que es donde encuentra el alimento para sus relatos.

Un momento de la presentación de Las derrotas cotidianas en la sala madrileña Los diablos azules.
El mundo urbano de Canarias es el mundo urbano de Londres o de cualquier ciudad, dice; y tiene mucha culpa de ello el haber vivido en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, en un entorno urbano que nos une con el mundo, no sólo con la proximidad que nos espera a la vuelta de la esquina. Y es de esa realidad de la que parte el autor de Las derrotas cotidianas, de ese sustrato surge y crece la historia de una familia que , de repente ,ve cortadas sus expectativas de felicidad por la crisis económica. Anroart Ediciones no ceja en su empeño a la hora de impulsar a los autores canarios que tienen historias que contar, para que no se queden en el entorno isleño, en el intento insular, sino que Canarias sea ese experimento social del que habla Santiago Gil, como referencia espacial y como proyección hacia el resto del mundo. Por eso para Anroart Ediciones, según me comentó Jorge Liria , su productor ejecutivo, la promoción de sus libros es sólo parte de una cadena de trabajo, que mueve el producto con la intención de que sea un ser vivo en constante movimiento para descubrir a nuevos lectores.
Tags: Lo que cabe en el balayo
5 de Diciembre de 2009 · 1 Comentario

La foto la hice ayer en Gran Vía, en esta arteria a la que acuden todos los recién llegados a la capital madrileña para bañarse de gente y de rostros desconocidos y familiares. La navidad se ve y se huele, se escucha. Hoy ha salido el sol y el cielo está salpicado de cirros, de veladuras sobre el azul de este diciembre frío y poco lluvioso. Por aquí tienes el libro que buscas, la bufanda que necesitas, los guantes que abrigan las esquinas de los paseos, los coches con todas las matriculas y todos los destinos posibles. Y si tienes oro que empeñar siempre hay alguien que te dice dónde. En estas fechas, tanto los que se conmueven con los cristos como los que no quieren ni verlos en las escuelas, se ponen en fila para buscar la suerte en una cola interminable, que dura días y noches, con la certeza imaginaria de que el dinero nos hará más felices. La cola de doña Manolita es la cola de la suerte, en ella los compradores son de todas las edades, esperan durante horas el número mágico y, a lo mejor, el gordo de este año lo tiene este señor que está de espaldas y no dice nada. Porque la suerte es silenciosa, imprevisible, viene con la cautela de un felino; la suerte no hay que anunciarla ni jactarse de poseerla porque huye como un tapón de corcho en un embalse que,cuanto más vamos detrás de él, más se aleja. La suerte se busca fuera de la cola, también, eso fue lo que me dijo Héctor, al final de la calle Fuencarral, donde tuvimos una pequeña charla sobre el mundo del espectáculo y lo complicado que está buscarse la vida sobre el escenario. Héctor es actor, estudió en Tenerife, y no hay quien le quite de la cabeza la escena y el aplauso del patio de butacas pero, de momento, hace encuestas callejeras hasta que llegue su racha.
Tags: Lo que cabe en el balayo
26 de Noviembre de 2009 · 1 Comentario

Yeray,Víctor y Jorge saludan al final de la actuación.
Hace unos días, se presentó el Víctor Lemes Trío en "El Alambique" Bar, en la calle Primero de mayo de la capital grancanaria. La actuación, a pesar de que contaba con la dura competencia del festival capitalino Womad, se desarrolló con el local lleno hasta los topes de gente muy variopinta, cuyo común denominador fue el gusto por la música en directo, así como la frescura y el calor de las canciones del cantautor Víctor Lemes, acompañado en la percusión por Jorge Soroa y al bajo por Yeray Figueras, según palabras textuales de Gregorio Efe,nuestro corresponsal nocturno. Víctor amplía de esta manera sus horizontes musicales sin perder lo que ya venía ofreciendo en sus conciertos en solitario, buen humor, sátiras inteligentes con originales tramas, y con una personal fusión de diversos estilos musicales como el son, la bossa nova, el flamenco o el ska, entre otros. Seguiremos informando de próximas actuaciones,insiste Gregorio Efe.

Víctor Lemes.
Tags: Convocatorias

El pájaro moro no deja de mirar hacia el Parlamento canario.
Pocos, salvo los majoreros, saben en el Parlamento canario quién es el pájaro moro y dónde vive , desconocen que pasa la mayor parte de la vida en terrenos pedregosos y desérticos, entre el silencio del olvido y el vuelo libre que comparte con la calandria en los llanos interminables , llanos como el del Esquinzo, que visité junto a María Rosa Alonso, que el próximo mes cumplirá cien años. El pájaro moro tiene un bello plumaje y un pico de granívoro entre amarillo intenso y un rojo coral, el píleo es pardo y el obispillo es de tonalidad rosácea como el resto del plumaje. Quien lo conoce sería incapaz de descatalogarlo, porque sería un error que en las escuelas canarias los niños no lleguen a conocerlo . Tiene apariencia robusta y resuelta, cuando emite sonidos parece que lleva en la siringe una trompeta con sordina; entre los naturales de Fuerteventura es conocido también por el apodo de pispo, convive con el canto de otras aves únicas como la tarabilla canaria, que es el pájaro estallón del que me habla mi querida tía Encarna Calero, que vive en Casillas del Ángel, al pie de las montañas de Tao, la Atalaya y la montaña del Campo, aún lejos de la mirada de los especuladores que quieren matar el paisaje de millones de años, con las palas mecánicas de la ignorancia. No sólo cría en el Archipiélago, también está en el norte africano, en tierras mediterráneas , en Pakistán y en la India. El pájaro moro está mosqueado, y hablo de buena tinta, porque otras criaturas bellas como él no tienen voz en el parlamento, porque su canto es inefable para el lenguaje político, como lo es el guaña-guaña de la pardela cenicienta que vuela en la barriga de las olas sin saber qué va a ser de ellas y de la avifauna de Canarias, si el Parlamento canario hace oídos sordos a su lastimera conversación nocturna, víctima de leyes diseñadas por hombres que jamás pisan más allá del asfalto o del cemento de las aceras. El mundo de las aves en las islas es una puerta espléndida para adentrarse en las joyas que, a trompicones, todavía se conservan gracias a los gestos utópicos de quienes ven la naturaleza no como un objeto alejado del hombre, sino como una extensión de nuestra propia razón de ser.
Tags: Lo que cabe en el balayo

En los tiempos que corren cada cual busca el refugio que le queda más cerca . Quedarse en paro, por ejemplo, puede despertar inquietud en la casa y fuera de ella. En esos momentos parece que te has quedado en un presente que no desea transformarse en pasado; sin embargo, no hay más que poner un poco el oído y escucharemos la música de lo impermanente, que nada permanece igual que hace un segundo. Ni la relaciones personales, ni la salud, ni las ilusiones. Quiero decir que, puestos a resolver asuntos personales en época de crisis, me doy cuenta de que sólo en nuestra propia mente podemos fabricar las sandalias que nos permiten transitar por esta realidad pedregosa difícil de asfaltar en su totalidad, sin que nos hagamos daño a cada paso. Estas sandalias no se venden en las zapaterías, sino que ya han sido pensadas y fabricadas por otros hombres del pasado y de nuestra época. Ante el desespero de la subsistencia y la búsqueda de alimentos, el evangelio de Mateo (cap.6,v.26) nos dice: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? El hombre, en el vértice superior de la pirámide de la creación, puede captar en estas palabras una consolatio philosophiae porque es la criatura que porta el mensaje divino que se intuye en la razón y en la voluntad, dos buenas herramientas para cambiar el mundo. El mensaje de Buda también nos advierte de la impermanencia de las cosas, que la felicidad no se halla fuera de nosotros ni en nuestro deseo compulsivo de hacernos con todos los objetos que se exhiben en los grandes almacenes, ni en la fama ni en el dinero como único fin; el mensaje búdico contempla una felicidad que nos viene dada por la retentiva mental, por la vigilancia mental que rechaza los pensamientos perturbadores y acoge una percepción más optimista del samsara, de esta realidad cambiante. Ser consciente de este permanente cambio, dicen los budistas, es un gran paso para permanecer serenos, porque en la mentalidad occidental nos empeñamos en relacionar la felicidad con una sensación placentera que se extiende en el tiempo, y si eso no ocurre nos enfadamos o nos entristecemos sin razón porque, como dice el Demócrito de Abdera (460-370 a.C.): la felicidad no consiste en el ganado y ni siquiera en el oro: el alma es la morada de nuestra suerte.
Tags: Lo que cabe en el balayo
Parece que fue ayer, y ya hace tres años, ahorita, que esta página se puso en marcha desde la Villa y Corte. Por eso me ha parecido en este insignificante aniversario, centrarme en aquella primera cabecera, Exiliado en la Corte, y dejar Lo que cabe en el balayo para otro día. De uno a otro título va mucho trecho. En un momento inicial fue un exilio, aunque nada o poco, tiene que ver con el exilio del que nos habla Plutarco en el siglo II de nuestra era, y del que doy cuenta hoy sin ahorrar palabras de la serie de Clásicos de Grecia y Roma, de Alianza Editorial, en la edición que incluye dos tratados, Consejos políticos y Sobre el exilio. Es una mínima referencia de la inmensa literatura consolatoria que existe sobre el exilio a lo largo de la historia. Según nos dice el autor griego, el exilio conlleva la pérdida del sustento vital, de la salud y de la hacienda, la pérdida de las facultades de la mente y del alma, la pérdida temporal de amigos y parientes, la pérdida de cargos y honores, de la autoridad y el poder; la deshonra ante los conciudadanos, la imposibilidad de regresar a la patria o de ser enterrado en ella, la pérdida de libertad de palabra. Me valen las palabras consolatorias que Plutarco dirige a su amigo, quizás fuera Menémaco de Sardes, que se hallaba en el exilio, para contrarrestar los efectos nocivos que puedan aquejar a quien se siente desterrado. Plutarco dice que el hombre que ha sufrido un contratiempo en la vida no necesita a extraños que lloren por él, sino a amigos verdaderos que le ofrezcan palabras de consuelo y le den ánimos con franqueza. Para unos el exilio es un mal (Polinices), para otros una oportunidad llena de posibilidades (Alcmán de Esparta), y en esta cara veo lo que siempre plantea la vida cuando nos caemos de pronto en una encrucijada sin rótulos que apunten a alguna dirección. No pocos ciudadanos envidian tu vida, asegura el historiador griego dirigiéndose a su amigo, aun con la mancha del exilio. Y ve en la filosofía la mejor medicina para afrontar situaciones difíciles como ésta: los aspectos ventajosos y positivos que concurren en nuestra vida han de pasar a primer plano, los aspectos negativos han de ser minimizados. Porque el azar del nacimiento, según Plutarco, nos obliga a servir a la ciudad de nuestros padres, por muy oscura que sea. Pero el exilio te libera de ese contrato y te ofrece la posibilidad de escoger una patria conforme a las propias aspiraciones, con la ventaja añadida de que no te impondrá las obligaciones onerosas que te acuciaban en casa. Y si alguien ofende al desterrado habrá que traer la anécdota de Diógenes el Perro cuando le dijeron "Los de Sinope te han condenado a ser desterrado del Ponto", replicó: "Pues yo a ellos a permanecer en el Ponto".
Tags: Lo que cabe en el balayo
La estética de hoy no es una estética clásica, amparada en la simetría o en lo imperfecto, no es una época de culto a lo bello, ya se ve, no hay más que alongarse a la ventana del traspatio. Puede que hoy haya coletazos de nihilismo estético todavía, donde la belleza se compra , se adquiere, pero no se contempla ni se cultiva. Esta lejanía de la estética aparece sin nombre en el lenguaje político, en la decadencia de las instituciones de toda la vida, en el trato personal, en todo aquello que sitúa nuestros días en lo que algunos estudiosos llaman modernidad líquida. Porque es la modernidad del botellón, del placer fugaz, de la televisión sólo para reír; son malos tiempos para la palabra, parafraseando a Bertolt Brecht. Por eso en esta estética moderna y líquida nada es sólido y todo es posible si se diluye al instante, es un tiempo de usar y tirar como un clínex, donde las declaraciones de algunos cargos públicos, no todos, resultan inconsistentes, líquidas, que no se las cree nadie que tenga dos dedos de frente, ni siquiera quien las pronuncia. Y en este contexto móvil, surge la coleta como un intento desesperado de frenar el cronómetro y como una aportación más a este desatino estético, porque la coleta de la que hablo no es la coleta de urgencia después de un baño juvenil en la playa o la coleta del adolescente que lleva la contraria y se aleja del tedioso mundo de los adultos. No. La coleta a la que me refiero es una coleta que, en algunos casos, convive a codazos con la calvicie. Es la coleta de la esperanza. Y es cada vez más frecuente verla saltar en la guagua, en un paso de peatones o en la recova, en los baretos a la hora del desayuno; nada tiene que ver con el sexto toro de la tarde ni con el recargado lenguaje de la liturgia taurina; me atrevería a decir – en una de mis tantas tesis indemostrables– que es una coleta que abunda en la testa del cincuentón, de quien ya tiene más de medio siglo y que peina canas en la árida y oscura soledad de un baño cualquiera, para torear la llamada crisis existencial que se asoma en mitad del camino. Unos beben, otros se drogan, otros ven la luz mientras hacen yoga, otros van a misa para dar sentido al presente y el futuro, y otros se dejan la coleta para decir al mundo que aún son jóvenes. "A mi mujer le encanta verme con coleta", me dijo uno sin que le temblara la mandíbula de abajo. Ya sabemos que todos vemos la realidad de diferente manera y que tenemos que hacer no pocas concesiones, si se quiere vivir en comunidad; pero una coleta la ve todo el mundo, por eso creo que, o la mujer de quien les digo tiene las gafas del amor incondicional puestas, o lo que quiere es quitarse de encima al individuo con tal de que la deje tranquila la cabeza.
Tags: Lo que cabe en el balayo
Hay días en los que uno no debe poner rumbo fijo, sino dejar que la intuición, que la improvisación dirija la brújula hacia un rumbo imprevisto, sin perseguir un fin, un destino determinado; dejarse llevar por lo que los taoístas llaman wu wei. El wu wei es la no intervención en el curso normal de las cosas, el no estorbarse con la propia sombra, como diría el estudioso Allan Watts; es como dejar que el flujo natural marque los tiempos y las acciones sin que nuestra voluntad interfiera para nada. Y, alguna vez, hago eso. Me dejo sorprender por el movimiento de las piernas cuando salgo a resolver asuntos mundanos, sin imponer órdenes rígidas; y en ese dejarse llevar, en ese no hacer haciendo, puedes encontrarte sin pensarlo ante la ingente obra de un arquitecto como Andrea Palladio (1508-1580), una referencia en la historia de la arquitectura, la fuente a la que acuden los arquitectos que poseen la extraña libertad de diseñar proyectos. Palladio fue un arquitecto renacentista, partidario de la acción y del hombre que debe estar de pie haciendo para huir del ocio que entristece, que acercó los materiales corrientes a la estética de la construcción, que democratizó los edificios y atrapó el espacio en villas tan hermosas como la Villa Emo, trazada con la grandeza de la sencillez.
Pude ver en una detallada maqueta en madera esta villa construida para la vida e inspirada en el arte clásico. Fue en una de las concurridas salas de Caixa Forum madrileña, que por cierto, acaba de editar su última agenda cultural en papel, y será la última porque quienes quieran seguir la programación en cada una de sus sedes, tendrá que asomarse a la página digital para leer los detalles. Creo que es una ejemplar medida contra la inutilidad del papel en ciertas tareas, un ejemplo que puede seguirse para evitar que los buzones se inflen con publicidad de dudosa eficacia. En el dinámico y variado programa de actividades de Caixa Forum, hay espacio, durante estas semanas, para los Pensadores del siglo XIX, un ciclo de conferencias con temas como De Menéndez Pelayo a Menéndez Pidal y su escuela, a cargo de Francisco Abad, catedrático de Lengua Española de la UNED. O las que están dedicadas a las religiones del mundo antiguo, a los orígenes del cristianismo, la religión griega o las religiones mistéricas en el mundo grecorromano . Luego, las piernas me llevaron a una librería con toda la literatura sudamericana que uno pueda pensar, con toda la antropología cultural imaginable sobre México, Venezuela y Argentina, por ejemplo; la librería está situada en la calle Huertas, donde resulta fácil el encuentro con los cronopios de Cortázar o con las enigmáticas voces que pueblan la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.
Tags: Lo que cabe en el balayo